
Desde el 10 de diciembre en el Perú se establecieron diversas limitaciones para las personas mayores de 18 años que no tuvieran sus dosis de vacunación completas contra el COVID-19. La medida es para todos, los que contrajeron el virus y se recuperaron y los que nunca tuvieron un contagio. En las últimas semanas, se anunció también la posibilidad de que la vacunación sea obligatoria para los niños mayores de 5 años, de forma que se les exija para asistir a clases presenciales en el colegio.
Más allá de analizar la dimensión ética de las medidas que, a mi modo de ver, sería suficiente para descartarlas de plano, este artículo pretende analizar su justificación técnica. Al tratarse de medidas incluso más draconianas que las establecidas con las cuarentenas, cierre de colegios, de establecimientos comerciales y negocios, mandatos de uso de mascarillas, cierre de fronteras, limitaciones para viajes, requerimientos de exámenes, entre otros, deberían tener una justificación muy clara y transparente. Recordemos también que nunca se habían tomado medidas de esta naturaleza en nuestro país.
Hay cuatro argumentos principales que se usan para justificar la vacunación obligatoria de toda la población contra el COVID-19:
1. Las vacunas son efectivas.
2. Las vacunas son seguras.
3. La vacunación masiva detendrá la transmisión del virus.
4. La gente que no se vacuna hará que se copen los servicios de salud.
- Efectividad
Se dijo que las vacunas llegaban a ser hasta 95 % eficaces en cuanto a la protección para adquirir COVID-19. Ya nadie discute esto, pues todos sabemos que no es verdad. Incluso se produce una efectividad negativa durante los primeros días de vacunación debido a la inmunosupresión, como puede verse en este artículo de HART (Health Advisory & Recovery Team), una organización de Reino Unido dirigida por más de 30 médicos, científicos, economistas, psicólogos y otros académicos: https://www.hartgroup.org/it-gets-worse-before-it-gets-better/. El artículo tiene adecuadas referencias a toda la información que presenta.
En cuanto a la efectividad para prevenir las hospitalizaciones y fallecimientos por COVID-19, no existe evidencia clara de que haya algún tipo de beneficio. Si revisamos la data en el mundo de la mortalidad por toda causa, no es posible establecer un efecto positivo de los programas de vacunación contra el COVID-19. Sin embargo, hay casos en que la información es presentada de tal forma en que hay un aparente beneficio. Por ejemplo, muchos intentan defender los programas de vacunación basándose en la data de Reino Unido. En un estudio de investigadores de Pandemics Data & Analytics (PANDA), una organización sudafricana que reúne a un gran grupo de profesionales multidisciplinarios, se concluye que no hay evidencia confiable de que las vacunas en Reino Unido hayan reducido la mortalidad por toda causa: https://www.researchgate.net/publication/356756711_Latest_statistics_on_England_mortality_data_suggest_systematic_mis-categorisation_of_vaccine_status_and_uncertain_effectiveness_of_Covid-19_vaccination.
Pero aún más fácil para que, incluso los que siguen la narrativa generalizada de los medios, de los gobiernos y de las instituciones de salud pública, que siempre indican que las vacunas son «efectivas y seguras», puedan empezar a cuestionar estas mentiras llenas de desinformación, es que revisemos el estudio aleatorio hecho por Pfizer. Este estudio, realizado por una de las principales compañías que ofrecen las vacunas de mRNA para el COVID-19 y que logró que le otorgaran una autorización de uso de emergencia (EUA, por sus siglas en inglés), no pudo probar ningún beneficio de sus vacunas. De hecho, en el grupo de más de 44,000 personas evaluadas, murieron más (mortalidad por toda causa) en el grupo vacunado que en el grupo que recibió placebo. Un análisis bastante completo del estudio de Pfizer es el realizado por la Canadian Covid Care Alliance, una asociación canadiense que reúne a más de 500 médicos, científicos y especialistas independientes. Recomiendo ver este video, donde explican muy claramente cómo con el mismísimo estudio de Pfizer, los resultados no son nada favorables hacia sus vacunas: https://www.canadiancovidcarealliance.org/media-resources/the-pfizer-inoculations-for-covid-19-more-harm-than-good-2/
Si gustan tener la presentación en PDF (aunque recomiendo ver el video antes), la pueden encontrar aquí: https://www.canadiancovidcarealliance.org/wp-content/uploads/2021/12/The-COVID-19-Inoculations-More-Harm-Than-Good-REV-Dec-16-2021.pdf.
Por supuesto, un trato aparte debe tener el análisis de la vacunación en niños y jóvenes, así como en las personas ya recuperadas de la enfermedad de COVID-19. En estos casos es prácticamente imposible justificar que sea beneficiosa la vacunación (recordemos que la vacuna solo tiene una autorización de uso de emergencia). En cuanto a niños y jóvenes, desde el inicio de la pandemia se sabe que no tienen ningún riesgo que amerite consideración al contraer el COVID-19. La probabilidad de que un niño o joven menor de 18 años fallezca a causa del COVID-19 es alrededor de 0.00002, según los CDC de EE. UU. Esto es menos que la probabilidad de fallecer por atragantamiento en un año. Y habría que considerar también que un factor importantísimo de esos pocos casos es el de las comorbilidades que ya se tenían. En este estudio publicado por los CDC de EE. UU., en más de 540,000 pacientes hospitalizados con COVID-19, el 99.1 % de los fallecidos tenía al menos una comorbilidad. El 96.5 % tenía al menos dos comorbilidades: https://www.cdc.gov/pcd/issues/2021/21_0123.htm?fbclid=IwAR3ZTVgEXk3v_2dRPUiEoEorks3Wn8egtOvJBvSnNiZtR1NIGq-k4QUJkL4

En cuanto a los que tuvieron la enfermedad y se recuperaron, podemos revisar un gran estudio que se hizo en Catar, publicado en una de las más prestigiosas revistas científicas del mundo, The New England Journal of Medicine: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMc2108120. Se analizó a un grupo de más de 350,000 personas que tuvieron COVID-19 entre el 28 de febrero de 2020 y el 28 de abril de 2021. La tasa de reinfección fue de solo 0.4 %, sin ningún caso de enfermedad crítica y ningún caso de fallecimiento.
Los CDC de EE. UU. han tenido que aceptar, luego de ser puestos contra la pared mediante un FOIA (Freedom of Information Act) a requerimiento de la firma de abogados Siri & Glimstad, que no tienen ningún caso registrado de alguna persona que cumpla con estos requisitos (los tres juntos):
1. Que nunca haya recibido una vacuna contra el COVID-19.
2. Que haya tenido COVID-19, se haya recuperado y luego haya sido reinfectada.
3. Que haya transmitido el virus luego de haber sido reinfectada.
Aquí pueden ver la respuesta de los CDC al requerimiento FOIA del estudio de Siri & Glimstad: 21-02152-Final-Response-Letter-Brehm-1.pdf (sirillp.com)
Sin profundizar demasiado, los CDC indican en su página web que «se han registrado algunos casos de reinfección por COVID-19, pero siguen siendo poco frecuentes. […] Teniendo en cuenta lo que sabemos acerca de otros virus similares, es de esperar que surjan casos de reinfección. Todavía seguimos aprendiendo acerca del COVID-19». https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/your-health/reinfection.html
Si les parece difícil de creer porque tienen algún conocido que se haya reinfectado de COVID-19, consideren que tal vez no haya sido así. De acuerdo con el Dr. Peter McCullough, experto analista de la pandemia del COVID-19 y de la respuesta médica, se dan muchos casos en que las personas creen haberse reinfectado, pero no se siguen los criterios adecuados para el diagnóstico: definitivamente no basta con una prueba PCR o una prueba de antígenos. Al seguir criterios rigurosos, los casos reportados se descartan. Recomiendo escuchar en Spotify el podcast de la entrevista que tuvo con Joe Rogan: The Joe Rogan Experience #1747 – Dr. Peter A. McCullough.
¿Cómo podría justificarse, entonces, que las vacunas tengan algún tipo de efectividad en las personas recuperadas de COVID-19? Peor aún, ¿por qué se les está obligando a vacunarse?
En noviembre de 2020, el MINSA publicó en su plataforma digital que los «resultados preliminares del estudio de seroprevalencia en Lima revelan que alrededor de 35 % de la población ha tenido COVID-19». Nunca se publicaron los resultados finales de ese estudio o, al menos, no he podido encontrarlos. Si consideramos que ya el 35 % de la población de Lima tuvo COVID-19 antes de la llegada de la segunda ola, y que esta fue al menos tan grande como la primera, podríamos estimar que en Lima ya tenemos una prevalencia de 70 %, aproximadamente. Es decir, no se justificaría de ninguna manera la vacunación en, más o menos, el 70 % de la población de Lima.

- Seguridad
Desde hace más de 30 años se utilizan en todo el mundo sistemas de reporte de efectos adversos a causa de las vacunas que se aplican en la población. De esta manera es posible identificar eventos que pongan en evidencia problemas de seguridad con las vacunas y que no se hayan identificado en los estudios que dieron lugar a su aprobación. En el caso de las vacunas contra el COVID-19, que han tenido un periodo de estudio extremadamente recortado, queda claro que estos sistemas de reporte de efectos adversos son fundamentales y que deberían analizarse con particular cuidado.
Todos tenemos acceso a revisar los sistemas de reporte de efectos adversos que tienen las instituciones oficiales. Por ejemplo, el VAERS – Vaccine Adverse Event Reporting System (https://openvaers.com/index.php), sistema usado en EE. UU. y dirigido por la FDA – Food and Drug Administrarion y los CDC – Centers for Disease Control and Prevention. También, EudraVigilance (https://www.adrreports.eu/en/search_subst.html#), la entidad oficial de reporte en la Unión Europea, o Yellow Card, el sistema utilizado en Reino Unido (https://coronavirus-yellowcard.mhra.gov.uk/), entre otros.
En todos estos sistemas de reporte, las señales de seguridad de las vacunas del COVID-19 son, por decir lo menos, alarmantes. Por ejemplo, el VAERS muestra una cantidad de reportes de mortalidad de las vacunas del COVID-19 mayor a la suma de 30 años de reportes de efectos adversos de todas las vacunas juntas (desde 1990).

Es sabido que al ser el VAERS un sistema en el que solo se reporta una fracción del total de casos adversos asociados con la vacunación, fracción que puede llegar a solo el 1 % del total, de acuerdo con un estudio de Harvard al que puede accederse en el mismo VAERS (https://openvaers.com/images/r18hs017045-lazarus-final-report-20116.pdf), las 21,382 muertes reportadas por la vacuna del COVID-19 que vemos en el gráfico podrían corresponder a una cantidad de fallecidos por la vacuna de hasta 2,138,200 personas. Por supuesto, tendría que hacerse un análisis adecuado de cuánto fue el factor de casos no reportados para la vacuna del COVID-19, que probablemente no sea tan alto como lo que indicó el estudio de Harvard.
El empresario de Silicon Valley, Steve Kirsch, reunió a un equipo de prominentes científicos y matemáticos para calcular el número real de fallecidos en Estados Unidos. En el análisis que presentaron calcularon 150,000 fallecidos a causa de las vacunas contra el COVID-19 a julio 2021, usando ocho diferentes métodos independientes. Aquí podemos ver los cálculos: http://www.skirsch.com/covid/Vaccine.pdf. Los invito a revisar el documento y encontrar algún error. Si las vacunas son tan seguras como dicen los CDC, podrían ganar la apuesta de $1,000,000 propuesta por Kirsch. Aquí están los términos de la apuesta: $1M bet term sheet (skirsch.com)
Se puede verificar que se dan las mismas señales de riesgo con estas vacunas en cualquiera de los sistemas de reporte de efectos adversos, como los que indiqué líneas arriba de Europa y Reino Unido.
Normalmente, señales de riesgo mucho menores hubiesen ocasionado la suspensión de los programas de vacunación. Sin embargo, los CDC de EE. UU. cambiaron en enero 2021 la metodología para determinar las señales de seguridad en las vacunas del COVID-19. Su documento VAERS Standard Operating Procedures for COVID-19 fue publicado el 29 de enero de 2021: https://www.cdc.gov/vaccinesafety/pdf/VAERS-v2-SOP.pdf
Lo que es increíblemente preocupante es lo indicado en la sección 2.3.1 de la página 16. Se muestra la fórmula para calcular el indicador PRR (Proportional Reporting Ratio), que servirá para analizar la seguridad/riesgo de la vacuna del COVID-19.

¡Esta fórmula es invariable con respecto a un aumento ilimitado de efectos adversos! Para quien tiene buen ojo matemático, no es tan complicado notar que el numerador de la fórmula (que recoge la data de la vacuna en análisis) no cambiará en lo absoluto si aumenta en cualquier porcentaje la cantidad de efectos adversos. Es decir, si el efecto adverso que quiere analizarse (A) aumenta en un factor k, y los demás efectos adversos de la misma vacuna (B) aumentan también en un factor k, el numerador de la fórmula no cambia en lo absoluto. En otras palabras, la vacuna podría tener 100 o 1000 veces más efectos adversos que otras vacunas y este indicador no mostraría ningún cambio. Para quien no lo ve directamente de la fórmula, basta con que pruebe algunos números para verificarlo. Un análisis más completo de este escandaloso documento publicado por los CDC se puede encontrar aquí: https://roundingtheearth.substack.com/p/defining-away-vaccine-safety-signals.
Las preguntas serían: ¿es posible que esto se deba a mera incompetencia? ¿Por qué no hay medios que reporten este flagrante error?
Hay más señales que llaman la atención acerca de la seguridad de las vacunas, por ejemplo, durante el último año, la enorme cantidad de deportistas profesionales que presentaron problemas o ataques cardíacos, incluso algunos cayendo muertos. El caso de Sergio «el Kun» Agüero es el más conocido y, aunque no se ha determinado que su problema haya sido a causa de la vacuna, la cantidad de casos similares es lo que amerita un análisis de las causas. Un buen análisis sobre esto puede encontrarse en este artículo: https://goodsciencing.com/covid/athletes-suffer-cardiac-arrest-die-after-covid-shot/.

El problema es que para muchos es muy difícil de creer que todos estos datos sean reales (a pesar de que pueden verificarlos fácilmente), pues en los medios no se ve ningún análisis sustentado sobre la efectividad y seguridad de las vacunas. Solo vemos y escuchamos, todos los días, el mensaje de que las vacunas son «efectivas y seguras», y no solo eso, sino un sinnúmero de ataques hacia aquellos que lo cuestionen. El Gobierno ha lanzado una campaña de agresividad hacia los llamados «antivacunas», donde ya no solo se trata de desacreditar o descalificar a quienes han optado por no vacunarse, sino ya directamente llama a la agresión.
Sin embargo, hay miles de científicos, médicos, epidemiólogos y especialistas en general que han advertido sobre los peligros de la vacunación masiva. Voy a mencionar algunos: Dr. Robert Malone, pionero en la invención de la tecnología mRNA utilizada en muchas de las vacunas contra el COVID-19; Dr. Geert Vanden Bossche, Head of Vaccine Development del Center for Infection Research de Alemania en 2017; Dr. Michael Yeadon, Chief Scientist y videpresidente de la división de alergias e investigación respiratoria de Pfizer desde 1995 hasta 2011; Luc Montagnier, virólogo y Premio Nobel Fisiología/Medicina en 2008; Dr. Peter McCullough, vice chief of internal medicine del Baylor University Medical Center del 2014 al 2021; Dr. Tess Lawrie, consultora de la Organización Mundial de la Salud (OMS); Dr. Michael Levitt, profesor de biología estructural de la universidad de Stanford y Premio Nobel de Química en 2013. Los invito a revisar las opiniones de estas eminencias en sus campos de conocimiento, que, como digo, son solo una muestra de la gran cantidad de especialistas que están siendo censurados y atacados por el llamado mainstream media. Dejo aquí algunos enlaces a videos que pueden ver:
https://odysee.com/@BannedYouTubeVideos:4/JOE-ROGAN-AND-DR-ROBERT-MALONE:c
https://odysee.com/@F%C3%BCr-Freiheit-Heimat-und-Frieden:a/LUC-MONTAGNIER-Vaccine-can-kill:d
https://odysee.com/@yumuvii:3/Tess-Lawrie-Mashup-V1:8
https://odysee.com/@TimTruth:b/yeadon-mass-murder-vaccines:5
- Transmisión del virus después de la vacunación
Hasta el momento, no hay nada que pruebe que los programas de vacunación estén deteniendo la transmisión del virus. No me parece necesario ahondar mucho en esto, porque incluso el mainstream media ya no se enfoca en defender esta postura. Solo quedan algunos rezagos de personas que, sin pensar, siguen repitiendo que todo el mundo debe vacunarse para evitar la transmisión del virus.
De todas maneras, recomiendo revisar el estudio de S. V. Subramanian, de Harvard T.H. Chan School of Public Health: https://link.springer.com/article/10.1007/s10654-021-00808-7?fbclid=IwAR097Owss2t-mkTOvvvPByzxfEG_zk7XCUdfS5zrbkNUQ189AdpuVEsuW_I#Fig1, donde no encuentran ninguna correlación entre el porcentaje de vacunación en un país y el ritmo de contagios por millón de habitantes. De hecho, la recta de regresión tiene pendiente positiva; es decir, los países con mayor vacunación tienen mayor tasa de contagios (aunque esto último es solo anecdótico porque la correlación es muy baja).

- Copamiento de los sistemas de salud
Actualmente, ante el fallido intento de justificar la eficacia de las vacunas y que detengan la transmisión, el argumento que más están utilizando los medios y los gobiernos es el de evitar el copamiento de los sistemas de salud. Para ello, se está dando un despliegue de propaganda en muchos países del mundo, que apunta a indicar que un inmenso porcentaje de las hospitalizaciones y fallecimientos son de personas no vacunadas. Esta propaganda es rotundamente falsa.
Como ejemplo, podemos revisar los datos del Perú y confirmar fácilmente cómo nuestras autoridades y medios de comunicación están mintiendo descaradamente con la narrativa mencionada en el párrafo anterior.

El ministro Cevallos dice que el 90 % de los fallecidos por toda causa en el segundo semestre del año 2021 son no vacunados y esta información es publicada en Gestión (sin ningún esfuerzo por verificar la información). Al ser Gestión un diario con prestigio, casi todos asumen que la información es verdadera, más aún si ya tienen un sesgo a favor de este tipo de noticias. Lo cierto es que es muy fácil saber que esta afirmación es completamente falsa. Basta con revisar los datos oficiales en la Plataforma Nacional de Datos Abiertos (datosabiertos.gob.pe) y verificar que, desde julio de este año, los fallecidos por COVID-19 no vacunados fueron 4935 y, los vacunados (con una, dos o tres dosis), 4263. Es decir, 53.65 % no vacunados y 46.35 % vacunados. Números muy lejanos a lo afirmado por Cevallos. Un mejor análisis podemos verlo en este excelente video, donde se muestra cómo descargar la información y hacer el cálculo, de forma que pueda verificar cualquiera la gran mentira del ministro que publicó Gestión: https://youtu.be/8kwTY5KYDYQ.
Y lo mismo sucede en todo el mundo, donde la propaganda sobre el copamiento de los sistemas de salud a causa de los no vacunados se da una y otra vez. Aquí en esta nota vemos la misma fórmula utilizada en el Perú: https://www.bbc.com/news/uk-58494842. Un medio de comunicación «confiable» como BBC News reporta el mensaje de Boris Johnson, muy preocupado porque el 75 % de las personas que fallecen en los grandes hospitales son no vacunados. Adjunto también un video donde se explica paso a paso cómo verificar que esta es una gran mentira.
Resumen
Los argumentos utilizados por los gobiernos para promover la vacunación obligatoria contra el COVID-19 no tienen ni el más mínimo sustento técnico (por no mencionar que las draconianas medidas tomadas no resisten un mero análisis moral).
Las vacunas no han demostrado su eficacia ni siquiera en el propio estudio realizado por Pfizer. De hecho, los resultados del estudio fueron alarmantes y de ninguna manera podrían haber sustentado la autorización de uso de emergencia de las vacunas.
Las señales de riesgo de las vacunas son enormes. Se ha reportado mayor cantidad de efectos adversos por estas vacunas que la reportada por todas las demás vacunas juntas a lo largo de más de 30 años.
No se ha podido demostrar que las vacunas hayan detenido la transmisión del virus. Por el contrario, hay estudios que sugieren que no hay ninguna correlación entre el nivel de vacunación de un país y la transmisión del virus.
Es falso que los no vacunados estén copando los sistemas de salud.
Entonces, la conclusión es muy sencilla: no hay justificación alguna para exigir la vacunación obligatoria de las personas. Con esto no quiero afirmar que la vacunación no pueda ser beneficiosa para algún grupo de riesgo (aunque no se ha demostrado). En el caso de los niños, la vacuna debería estar contraindicada, pues ellos no tienen ningún riesgo de consideración con el COVID-19 y solo podrían perjudicarse con vacunas que están en fase de experimentación, que solo tienen una autorización de uso de emergencia y que han mostrado serias señales de riesgo. Asimismo, quienes ya tuvieron COVID-19 y se recuperaron, no obtienen ningún beneficio al vacunarse, solo los riesgos de esta intervención médica.
Queda pendiente, tal vez para otra publicación, comentar sobre muchos temas: los contratos que eximen de toda responsabilidad a las farmacéuticas que proveen las vacunas, el posible efecto del ADE (antibody dependent enhacement), la presión selectiva que ejercen las vacunas en el virus para mutar en nuevas variantes, la supresión de los tratamientos tempranos, los casos de censura en casi todo el mainstream media y redes sociales, las protestas en el mundo, etc.
*Actualización al 15/01/2022
Me enviaron la siguiente nota con respecto al estudio de seroprevalencia: https://elperuano.pe/noticia/112613-cuatro-millones-de-habitantes-de-lima-ya-tuvieron-el-coronavirus. Si bien aún no encuentro la publicación del estudio, la nota de El Peruano indica que 39.6 % de la población de Lima Metropolitana ya había sido tenido COVID-19, un poco más de lo que había adelantado la ministra Pilar Mazzetti.